Bardo, Falsa crónica de unas cuantas verdades
El título alude a la zona mística del budismo tibetano, en la que el alma, abandonando al cuerpo, se debate entre una reencarnación y otra. Bardo es un espacio liminal en el que se experimentan visiones sobre la vida que se deja atrás. Iñárritu transforma ese estado en uno en que el migrante, que ha pasado demasiado tiempo fuera de su país, siente que ya no es de “aquí ni de allá”. Esa posición intermedia funciona como una alegoría de la frontera que divide a Estados Unidos y México. Consciente de la imposibilidad de regresar a un hogar físico (el México que dejó atrás), Iñárritu crea uno metafórico. La experiencia del exilio se ha expresado en la imaginación artística como una forma espacial interna de lo geográfico, lo social y lo metafísico. La forma dislocada de Bardo muestra cómo para el autoexiliado (por imperativos profesionales, en el caso de Iñárritu), el espacio funciona como un contrapes...